Lo puro, por antihumano, no podía satisfacernos en el fondo;
lo revolucionario, en la forma, nos ofrecía tan sólo débiles signos de una propaganda
cuya necesidad social no comprendíamos y cuya simpleza de contenido no podía bastarnos...
La pintura, la poesía y la literatura que nos interesaban no eran revolucionarias, no era una consecuencia lógica y sentimental, o si lo era, lo era tan solo en una pequeña parte, en la parte de una consigna política, que el problema quedaba en pie. De manera que, por un lado, habiamos abominado del esceptico más, por otro, no podíamos soportar la ausencia absoluta y total.
la Revolución, al menos lo que nosotros teníamos por tal, no podía estar comprendida ideológicamente en la sola expresión de una consigna política o en un cambio de tema puramente formal...No podíamos admitir como revolucionaria, como verdadera, una pintura, por ejemplo, por el sólo hecho de que su concreción estuviese referida a pintar un obrero con el puño levantado o con una bandera roja, o con cualquier otro símbolo, dejando la realidad más esencial sin expresar..”
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias su comentario