“Yo, la locura, soy la máxima autoridad en el mundo. Si así no fuera, ¿Cómo entender que los humanos sean gobernados por los peores y por los más ignorantes?
Y continuaba hablando la locura de esta forma:
¿Cómo entender, sin la locura, que los pueblos puedan soportar a los mentirosos y corruptos, a los que dicen aplicar unas leyes justas, cuando ellos mismos las han escrito para su propio beneficio?
“¿Cómo entender que las leyes sean escritas por burros y nadie diga nada? Por eso los ignorantes y audaces son los que ordenan y son apreciados por los príncipes.”
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